Tú sales 53 veces en este blog...
yo 49, gran ego..
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la soledad sólo 4 veces..
amor 28...
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felicidades hay... 9
15 mayo, 2008
13 mayo, 2008
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11 mayo, 2008
<-- sàrta aicah airotsiH <--
Una cola
30 abril, 2008
EstroFa
Te voy a comprar un pasaje
de ida sin vuelta aMarte
te voy a cavar una zanja
para que puedas tumbarte
28 abril, 2008
Madre no hay más que una
[Ésta es mi primera poesía, que se la escribí a mi madre cuando tenía diez años y creí entonces haberla descrito más bella que Afrodita...el tema es que acabé haciendo más bien una caricatura]:
24 abril, 2008
Un paseo por Dublín (V)
— Yo no deseaba un imperdible, desde luego, si a eso se refiere.
— Entiendo. Probaré de nuevo — le contesté, pero no recuerdo porque. Quizá fue una intuición, o sólo por superar el reto. Así que a ello me puse. La descripción escrita en la nauchtán, y a la chimenea. Al rato estábamos de nuevo en la estancia con aquélla mesa. Busqué de nuevo mi objeto añorado. Busqué exhaustivamente, y aún más que eso. Tampoco habia imperdibles allí.
Pero como bien comprenderás atento lector, no olvidé aquella noche. Y fue porque cuando ya salía, recordé mi pequeña libreta negra, y volví a la sala de estar donde el fuego apenas ardía en la chimenea. Algo se consumía allí, y observándolo de reojo vi que era la hoja que habia echado hacia unos minutos. Estaba pálida, habia perdido toda su agua y su vida para entregársela a una sustancia. Se consumió. Álteoir estaba allí cerca, era el único que quedaba en la sala. John me esperaba en la puerta.
La habitación seguía allí, aún no se habia desvanecido. Ni en mi memoria ni allí donde estaba. Me habia aprendido de memoria cada uno de los objetos que allí habia... el pañuelo, el cuadro, los mil imperdibles, el paquete de tabaco... y una cinta para el pelo de una dama. Me quedé sin habla. Allí estaba lo que habia escrito en la hoja de nauchtán, estaba allí os lo aseguro y no pude creerlo. Me acerqué y la miré de cerca... la examiné no creyendo que fuera aquéllo que habia descrito con precisión en mi nauchtán... No era posible, me decía, pero así era.
— ¿Ya no olvidaré esta noche? — pregunté sin hacer caso.
— Si bebes esto no. La otra cerveza llevaba una sustancia amnésica, y algo aturdidora. Es posible que hayas reaccionado de modo diferente a lo habitual en ti esta noche. En una situación normal te hubieras desmayado del shock de la "aparición". Ahora bebe y márchate al hotel, nos veremos pronto. Aquí tienes esta dirección donde vivo, aunque ya sabes llegar — dijo John entregándome una tarjeta.
23 abril, 2008
Una foto con Jorge Arbusto
20 abril, 2008
Un paseo por Dublín (IV)
[ El paseo Dublinés ] [...] Lectura previa: Un paseo por Dublín [...]
John se acercó de nuevo — Te preguntarás que hacer con esa hoja y esa pluma... Dime una cosa sencilla, ¿qué querrías tener? — la pregunta me desconcertó — Sí. Algo que no tengas y desees, es sencillo. Descríbelo en la hoja que te he dado. Como si estuviera encima de una mesa maciza de roble, ya curtida por los años. Cuando lo tengas, avísame. — ya se iba pero olvidaba algo más — ¡Ah! Piensa en el concepto de esa cosa, no en la cosa concreta ¿comprendes? Algo sencillo, en tamaño y en complejidad. — dió media vuelta y acercándose al sillón se dejó caer pesadamente en él.
"¿Es un concurso literario...? ¿Qué es ésto? ¿Y porque aquellas hojas de árbol en vez de folios?" Y no encontraba respuestas. Así que cogí una de aquellas hojas de "nauchtán". Estaba fresca, aún latía la vida en ella aún separada de su rama. Tenía un color verde intenso, mucho más que el de estas líneas. Verde irlandés. Pues bien, probé a escribir mi nombre. , leí. Probé otra vez y " ", y aún otra " ". Sólo veía la misma hoja verde sin una sola línea de las que habia trazado. "Quizá la hoja es demasiado oscura, o la tinta se ha gastado" pensé.
— ¿Ya? — en mi ensimismamiento John se habia acercado y chimeneaba muy cerca de mí. Estaba vez tabaco de: canela.
— No... estaba probando. La pluma no va, se le acabó la tinta. No se lee... ¿No tiene folios...?
— No. No. No. — me interrumpió impaciente — Describe algo que desees, algo sencillo. ¿Está bien? Sólo han de leerlo la hoja y el fuego. Pero bueno, no creo que tengan nada que leer... creo que estoy perdiendo el tiempo. No creo que seas capaz... — habia hablado demasiado — Bueno. Coja otra hoja y hágalo de una maldita vez — cogió la hoja usada y la tiró a la chimenea. Luego volvió a sentarse a leer aquel tomo aún más orondo que él.
Cuando alcé la vista vi que sólo quedaban dos personas en la mesa y la cerveza era escasa y calenturienta. Decidí acabar rápido por el bien de mi pellejo, procurando hacerlo bien. Aquel gordo no era lo que yo esperaba, eso pensé entonces. Cogí la hoja y la pluma. "Algo que quiera... con el alma... no que me apetezca...", divagué. Y escribí eso que quería, como si estuviera en aquella mesa de roble maciza.
Me levanté y me acerqué a él, John levantó la mirada. — ¿Ahora... quÉ? — le dije temiendo la extravagante respuesta. Cogió la hoja y la tiró a la chimenea. El fuego se apagó un poco con el verdor. Yo me quedé allí observando la hoja que amarilleaba por momentos hasta que al fin ardió y en un instante desapareció.
— Está bien — dijo John — Ahora ven por aquí. Podrás marcharte pronto — Me llevó a la habitación contigua. Habia una gran mesa de roble muy desgastada por el uso. Estaba desordenada y habia varios objetos allí. No tenían especial relación entre ellos... un cuadro, un pañuelo de tela, un incunable, un paquete de Philip Morris y más cosas que no recuerdo. Lo que sí habia además eran imperdibles, cientos de ellos acumulados en una caja de cartón, también añeja.
John dió una calada a su pipa — Ahora. Dime. ¿Qué objeto de éstos es el tuyo? ¿Cuál deseabas? — y soltó una bocanada de humo de canela. "¿Qué respondo?" me dije. Eché un vistado a la gran mesa buscando incrédulamente aquéllo que deseaba, impulsado por una extraña fuerza en mí. — No... me temo que eso que deseaba no está aquí...
CONTINÚA...
17 abril, 2008
Un paseo por Dublín (III)
[ El paseo Dublinés ] [...] Lectura previa: Un paseo por Dublín [...]
— Bien. Ya está aquí — habló el hombre de la pipa. No hacen falta más trámites, llega usted tarde. Mi nombre es John. —dijo secamente. Me decepcionó que mi quimérico Señor X, se llamará simplemente “John”— Éste es Grugaig — indicó al peludo que asintió—. Como ve, el resto han empezado ya. Ahora le toca a usted probar su valía….
— Creo… — le interrumpí— que ha habido una confusión, yo… Yo no soy quién creen…
— ¿Cómo? ¿Es una broma? ¿No es usted “Bheith”…? — dijo el peludo Grugaig. — Le vi allí afuera en el banco con una libreta y como esperábamos a Bheith supuse que… — dijo hablándole a John.
— El tal Breith no vendrá — dijo Álteoir que acababa de aparecer corriendo, con un sobre en sus manos — alguien lo ha eliminado. El mensaje está recién enviado, ha aparecido en la habitación de al lado. El remitente es de los nuestros.
— Que lástima. Nunca sabremos quien fue, no pudimos conocerle. — dijo John — El problema ahora, es… ¿Quién es éste? — le espetó a Grugaig señalándome — ¿Qué haremos con él…?
Un sudor frío me recorrió la espalda y pronto todo el cuerpo. “¿Por qué estaba yo allí? En una buena me habia metido, creerían que yo le habia matado… hubiera sido mejor quedarme en el hotel… leyendo a Dumas.”
— John, — dijo Grugaig afectado — este hombre no es uno de ellos. Mire como suda… está aterrorizado. Es sólo un borracho.
— No me convence. Sería una buena estrategia colarse aquí haciéndose pasar por aquél…— contestó John mientras introducía tabaco en su pipa. — Quédese con él, Grugaig — El tipo delgado que me habia abierto la puerta llamado Álteoir, y John el cabecilla se fueron a un lado mientras yo que quedé con el peludo. Le hice una medio sonrisa pero no contestó.
La situación era surrealista, pero no me atreví a contradecir a aquella gente. Además habia conocido al Señor X, aquel tipo rechoncho y enigmático que tenía por un revolucionario y se llamaba sencillamente “John”… ¡Qué vulgaridad!.
En el centro de la mesa habia un folio amarillento que avisaba: "¡NO ENCUENTRES IMPERDIBLES!"
PretenOcioso
Escrito por
Fón
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Etiquetas: Fón, Reflexiones necias
13 abril, 2008
Un paseo por Dublín (II)
Cuando me interné en el parque vi a unos chicos acabando la noche. Unas gaviotas insomnes huyeron con el ruido de mis pasos. La casita marrón estaba tranquila, pero iluminada por un farolillo de aceite. No eran horas para luces ni para chimeneas. ¡Estaba encendida la chimenea! El humo... ¿verde? no dejaba lugar a duda.
Continué mi paseo echando un vistazo a la enigmática morada. En la puerta de la valla que rodeaba la casa habia un cartel que decía: "príobháideach" y su equivalente en inglés. Lo que en nuestra lengua significa: "propiedad privada", como bien sabes. Aunque lo cierto es que el aviso no me importó en absoluto y salté. Me senté en el frío banco gris. Era casi la medianoche como suele ocurrir en los grandes relatos de intriga. Veía desde mi banco la entrada de la casa por si aquel tipo raro salía a hacer "footing" o a sacar la basura. Encendí un cigarrillo. Y me deslicé hasta casi tumbarme mirando la estrellas tintineantes y escribiendo en mi libreta negra las sensaciones de la noche en una posición incómoda pero agradable.
Un portazo. «¿Qué hora es?» pensé «me he quedado dormido». Me incorporé de inmediato y miré en derredor, esperaba encontrar la habitación del hotel. Aunque lo que vi fue a un hombre frente a la puerta, y otra vez ese humo verde. «¿He perdido el juicio?» me pregunté como buen jurista. Y otra vez “knock knock!”, pues así suenan las puertas en Irlanda cuando las golpeas. Espié desde mi banco a aquel hombre. A la luz del farolillo le examiné. Era de mediana estatura con camisa de leñador. El pelo era negro y espeso tanto en sus cejas como en su barba. Casi omnipresente. «Knock knock» golpearon los nudillos de las peludas manos. «Soy yo. Traigo el material. ¡Abrid!». Reparé entonces en una pequeña bolsa de papel que llevaba en la mano izquierda. Volvió a llamar otra vez. Pero como nadie contestaba se acercó a una ventana y observó. Fue entonces cuando le vi bien y el me vió. Sorprendido me dijo, tras mirar mi libreta que habia caido al suelo — ¿Qué hace aquí? La reunión ha empezado.— No pude contestar, me quedé paralizado. “¿Por qué me conoce?” pensé. Y es que yo sólo era un intruso en su jardín. Además de la sorpresa de una reunión tan trasnochada.
— Perdone… eh… he bebido demasiado y me he quedado dormido… — mentí.
— ¿Demasiado? Hay que beber lo suficiente, nunca demasiado. Precisamente llevo aquí una birras porque el asunto lo merece — dijo señalando la bolsa de papel. — Supongo que ha hablado con nuestro contacto ¿Se hospeda usted lejos?
— Yo… a quince minutos… pasando la calle O’Connor.. en el Comfort Inn.
— ¡Ah sí! Lo conozco. Sencillo, pero agradable. — no habia asimilado aquel extraño encuentro cuando se abrió la puerta — Mire, al fin nos abren. —
Un individuo delgado apareció en el umbral y dijo — ¡Perdón! ¡Perdón! Estábamos ocupados.. ya sabéis.
— ¡Sí, sí! — Dijo el peludo y empujando lo suficiente para pasar, entró a la casa.
— No le haga caso. Está enfadado porque le ha tocado ir por la cerveza, y el “nuachtán”…— bajó la voz — ya sabe… nos quedan unas pocas hojas. Pero ¡adelante! Ya han empezado… — y entré. Fue una demencia entrar a aquella casa a las dos de la madrugada, con unos tipos que por los menos, eran unos trasnochados. Aunque lo cierto es que yo también lo era y aún hoy… Pero, ¡vean, vean!
Al cerrar la puerta la única luz que quedó fue una pequeña vela casi extinguida que se consumía en el recibidor. — Por aquí — dijo el delgado que se llamaba Álteoir según me dijo. Un nombre común en tierras irlandesas.
A los lados dejábamos atrás varias estancias. Al fondo se veía algo de luz y algunas voces, entre ellas las del tipo peludo. Entramos. En una de las paredes, la izquierda, se incrustaba la chimenea y alrededor de ella habia varias personas. En el centro una gran lámpara alumbraba a otro grupo de gente, que bebían cerveza negra y escribían. Pero lo que más me llamó la atención fue un tipo medio tumbado en un sillón con la tapiceria gastada. Estaba leyendo, pero le prestaba más atención a su pipa. Fue entonces cuando noté el olor a tabaco de vainilla y otro que no reconocí. Inspiré y el dulce aroma me transportó justo allí mismo, no podía llevarne a sitio más extraño. Expiré.
10 abril, 2008
Un paseo por Dublín (I)
Me encontraba paseando en una isla, otro país. Olor a fritanga, ciudad grisácea. Cielo gris y edificios descoloridos de sufrir tantas lluvias. Estoy en un país maltratado durante siglos, pobre. Lo noto en sus calles sobriamente estéticas.
Los rostros y cuerpos de los lugareños son orondos y risueños como los Hobbits. Les veo en pubs de madera. Oscuros como cavernas. Se oye Bono y llega el "fish and chips" y una pinta negra negra. Única gastronomía.
No es ni la una y ya he comido. El techo natural está despejado, pero aún así no hay luz. Me abrocho la chaqueta y me enfundo el emepetrés. Hay mucha gente, mucho turista extranjero. Y también hay indios, pakistanies, árabes y gentes de rasgos achinados.
Hay cantidad de iglesias protestantes, a pesar de que sólo el 3% de la población tiene esta creencia. En cambio la catedral (católica) está en una calle cualquiera, cutre y mugrienta.
Llego a uno de sus parques cerca de la calle O'Connor. Es un sitio con encanto, como entrar en un pequeño bosque frondoso y salvaje. Tanto que al internarme en él, el cielo se oscurece. La boveda azul se torna verde. Y a duras penas se filtra el astro rey. Allí dentro hay estanques con patos, y pájaros que desconozco en sus ramas. Y de pronto: una casa particular. Allí, dentro de mi parque. Pero no una casa al uso. Tampoco es que sea un palacio, es un hogar. Llega hasta mí el olor del crepitar de las ramitas que arden en su chimenea. Es una casita vallada, lo que engrandece la morada, no es por seguridad. Ningún indeseable entraría aquí, hay nada que le interese a un desaprensivo.
Al contemplarla me fijo en la simbiosis de su fachada con una gran enredadera. Su complicación es metáfora de quien vive allí. Ha de ser ese "quien" un escritor o pintor excéntrico al que no hubo cifra que consiguiera afectar su casa. Por eso reza su valla: «PRIVATE» y su equivalente en gaélico (la lengua de los elfos).
Este caballero (pues lo es) anda sentado junto al fuego y al fuego de su pipa escribe cuentos de hadas para adultos y se los cuentas a sus mellizos sobrinos. Escribe en irlandés porque es su verdadera lengua, dice. Aunque en honor a la verdad: no vende un solo ejemplar, porque nadie los publica. Pero subsiste en su dulce habitáculo con una pensión ridícula.
Afuera, la casa tiene un pequeño jardín privado, extremadamente colorido. Lo miro ahora y no creo que sea real. No puedo estar seguro. Allí vive una mezcla de Willy Wonka y el escritor de Nuncajamás y algo también de pirata Sparrow...
09 abril, 2008
Flores rojigualdas
pretenciosos o no
siento sed de tercios
mejor fríos por favor
Mientras tanto
y tan poco
voy a ver si me inspira
la vida... y Calamaro-Caramelo-NiñoBruno
y si no un clavel... uno como Nos
Escrito por
Fón
en
10:35 PM
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decires
07 abril, 2008
Oda al BigMegaWantchin
Aunque la mayoría de los lectores (supongo que unos nueve o diez
millones de los doce que nos leen) no conozcan a este gran amigo, fue un amigo fiel hasta el final. Su nombre era BigMegaWantchin (para los amigos BMW) y fue fiel hasta su 325.639km en los que fatalmente falleció. Dicen que el mejor amigo del hombre es el perro...yo discrepo. Pienso que es el coche. Y a mi valeroso corcel durante tres años quería dedicarle esta oda ante su viaje al cielo de los cohces:
e propongo hablaros no de su utilidad pues muchos lo igualan y lo superan. Sino de aquello en lo que es insuperable, y es el recuerdo. Empezar estas líneas me provocan un escalofrío y una inconenible melancolía. Fue nuestro hogar durante tres años. Digo nuestro porque no fui yo sólo el que lo disfrutó. Miles de horas pasamos en sus asientos, dentro de su cálido vientre como recién nacidos al mundo, discurríamos en su interior soluciones al mundo entero. Fon, Tomy, Pablo, Adolf, Ali, Vir, Mon, Andrew, Xuso, Amparo, Miriam, Juanj, Andrelo, Borja... nos conocemos más y mejor, somos mejores amigos por aquel inoportuno viaje hasta vuestro portal, en el que deteníamos el motor por previsión de durar más de cinco minutos y acabábamos gastando nuestro tiempo con el otro. El tiempo se esfumaba, pero las cenizas de ese fuego conversacional no quedaban en el cenicerdo del coche, sino en nuestros corazones, para que con ellas encendiéramos otro inesperado día unas brasas de aquellas conversaciones, y retomáramos aquel tema del que tanto nos gustaba hablar. Compartimos mucho y vivimos mucho allí. Y al volver la mirada para regresar al hogar, allí estaba esperando, fiel cual guardián nocturno, esperando nuestra arribada y portándonos a cada uno a su lugar. Durante el viaje, en las paradas, en los ratos de charreta...unos gestos, miradas furtivas a través del retrovisor, quitando los reposacabezas para vernos todos mejor, o reclinando el asiento para estar más cómodos.
en nuestra memoria a la vez que la chatarrera destroce la forma con la que fuiste concebido para volver a servir, quizá a alguien que te necesite más que yo. Quizá sirvas de muletas a un cojo, o te conviertas en una sartén de familia humilde, que no le llega para cenar más que un pobre filete de pollo. Pero a todos ellos, les alimentarán nuestras vivencias, porque parte de nosotros quedó atrapado entre los amasijos de hierro. Hierro cálido y seguro. Liviano y veloz. Acero templado envidiado por los más grandes mandobles toledanos.05 abril, 2008
Olores de Vida
"Un día te despiertas, te levantas y abres la ventana. La brisa espabila tus mejillas, y las primeras luces del sol ciegan tus ojos, acostumbrados aún a la oscuridad. Tienes ciertas cosas en mente, te encuentras con determinadas personas, estás en una época del año que te resulta de tal manera o de tal otra. Guardas dentro de tí algunas ambiciones, tareas pendientes, un nada que hacer o un agobio por todo; que se engarza con cosas que ayer, o esta semana, o este año, has descubierto de tí. Estás enamorado. O no. Unos recuerdos que creías ya olvidados han reconquistado tu mente, o te asaltan en momentos de nostalgia, porque son bonitos. O bien te turban en forma de pesadilla, una mala época que dejaste atrás...piensas en qué será de ti cuando seas viejo, o si llegarás a serlo...piensas después, qué te dirá Dios al contemplarte; o qué dirás tú al contemplarle a Él...enmudeces. O bien luego tienes cierta época; días, meses, tiempo..., que no haces más que hablar; bien por escucharte a tí mismo, bien por necesidad de que te escuchen. Sientes, corres, lates, paras, piensas, reflexionas, meditas, profundizas aun más, te quedas en blanco, te acuerdas y vuelves a empezar o innovas. Todo en conjunto, y mucho más del estilo, todo mezclado dentro de tí, revuelto por un aparente caos, que sin embargo y curiosamente rellena tu firmamento de estrellas; te hace feliz, te evoca a amar, y cuando te abstraes, y reflexionas sobre todo lo antes mencionado en conjunto, como un todo, y lo comparas con otros conjuntos de combinaciones posibles de todas ellas y más que tuviste hace tiempo, te das cuenta de ello. Son los olores de vida que se configuran en tu haber a lo largo de días, meses, años, de tu existencia."
Nota posterior: Hoy he leído al ingenioso Juan Manuel de Prada y ha colaborado en esta idea. A mí se me ha ocurrido explicarla como: es una amalgama de sentimientos que en ocasiones las evoca el olor de algo característico de hace mucho, pues éste se almacena en nuestra memoria mucho más que la imagen o el sonido. Aunque otras veces sucede de pronto porque sí, sin más, o por otro tipo de estímulo. Y de pronto te encuentras con aquel pasado cara a cara, que hasta ahora lo habías ido asimilando día a día y no lo notas; como los padres que ven crecer a sus hijos día a día no lo notan y en cambio la abuelita que le ve cada año se sorprende de la diferencia. Tú te ves ante tu pasado, ante un tú muy diferente del de hoy. Con una forma de percepción y reflexión muy diferente a la de hoy. Te ves a tí mismo en el pasado como un yo muy distinto, incluso ajeno a ti. Y te sorprende. Te maravilla comprobar lo que cambiamos sin darnos cuenta. Parece que somos el mismo, y sin embargo crecemos, nos movemos, pensamos y actuamos. Y después de tantos procesos la vida acaba forjándonos, haciendo de nosotros alguien muy diferente, que no obstante conserva en sí la identidad, su esencia, eso que le hace ser siempre él, su espíritu, su persona, su yo como amigo, hermano, conocido, buen tipo que conocí...hijo de Dios.
"Juanma" en su artículo habla de los mensajes del móvil, SMS para los amigos, de los que dice que solemos guardarlos como antaño las muchachas guardaban flores prensadas entre sus libros. Y que son olvidados y al retomarlos para tratar de borrarlos, como cenizas que son del pasado, las removemos. Y esas cenizas se convierten en rescoldo, y ese rescoldo en pavía que acaba prendieno aquél rinconcillo del corazón que creíamos prevenido contra incendios.
Escrito por
Patxo
en
4:24 PM
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Etiquetas: Patxo, Pensando en voz alta
01 abril, 2008
¡Me he cansado mucho!
Escrito por
Fón
en
10:37 PM
6
decires
Etiquetas: Fón, Lírica, Reflexiones necias
Proyecto vital
Hoy podría hablar de temas serios, pero no.
Ahora me voy a que me quiten la última muela del juicio. ¿Alcanzará uno la madurez de esta manera... ?
Ahora lo único que sé es que he ido después de un año a mi peluquero gitano y me ha rapado. Pero aún tengo pelo, y tengo ganas de más (de menos). Creo que es momento de raparme al cero, Jorge estará de acuerdo. Significa me-da-igual-el-mundo, la imagen y claro.. ¡no quiero peinarme! Elige tu motivo.
23 marzo, 2008
22 marzo, 2008
Un banco para recordarte
me acostumbré a lo extraordinario
al brillo de tus ojos
y de tus labios: el fulgor
me acostumbré a lo extraordinario
encontrándote a diario
escuchando tu elocuente conversación
soy como unas nubes sin cielo
vagabundeo como puedo
a ver si encuentro
un buen banco para recordarte
hasta que vuelvas y me abraces
y me despiertes de este trance
25.XII.
Afuera sólo frío
tiempo imparable también
rencillas, rencores, rabias..
afuera peligros inciertos
Y aquí, adentro, cálida llama
amor casi sempiterno
si pudiera lo sería
Y el tiempo parado
como si fuera eterno
pero no
Porque el tiempo si es eterno
no se llama tiempo
se llama «nada»
porque no necesita palabra
21 marzo, 2008
Cuando te vayas
Querido amor verdadero:
Cuando te vayas, mátame
cuando te desenamores, mátame
cuando te mueras, mátame
porque aunque me decepciones
aunque me desenamore
aunque todo cambie...
Siempre serás mi amor verdadero
porque eres mi amor único
Así que cuando me dejes estrangúlame
tírame por un barranco: despéñame
Porque si no es a tu lado
yo no sé vivir
no quiero vivir
junio 07
11 marzo, 2008
Domani
Esto lo escribió un tipo hace algunos meses. Es explícito y quizá por eso no muy poético. Pero ahí queda. Ahora lo hago mío, y reinterpreto y adecúo a mi ser. Que esa es la magia del leer...
¡Qué te disfruten!
les he dicho
a las flores
a las estrellas
a los amaneceres navideños
a todas las cosas bellas
Que disfruten
¡Qué te disfruten!
porque mañana...
¡ay del mañana!
¡que ya no estarás!
me da vértigo pensar
en recurrir a tu recuerdo
para poderte mirar
Pero no llores, amor
cuando leas esto
Nos veremos allá arriba
donde no hay tormento
y el dolor es sólo
sólo, sólo, sólo
para los cuentos
There will be no sorrow... let it be, let it bleed...
08 marzo, 2008
Feliz día
Dicen las buenas lenguas que el Sr. Andrés tiene una canción para cada día del año. Aunque lo cierto es que tiene bastante más de 366 canciones (creo)...
Con Candy Caramelo al bajo y El niño Bruno a la bateria
Ésta es la canción de hoy:
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27 febrero, 2008
Más gilipolleces
Escrito por
Fón
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12:12 AM
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Etiquetas: Fón, Reflexiones necias
25 febrero, 2008
Un placer para los sentidos
Queridos lectoras/es/os/andróginos/monos con derechos, etc:
Les copio algo ridículo, para echarse a llorar. Estudiar una carrera no siempre da cultura, o por lo menos no la adecuada. En rojo podemos ver sus redundancias, y en azul la sugerencia para aumentar su correo-e políticamente correcto. Un placer para los sentidos, menos para el común.
21 febrero, 2008
Caballos
Dicen las hojas del libro que más leo yo...
Escrito por
Fón
en
12:15 AM
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decires
Etiquetas: Fón, Reflexiones necias
18 febrero, 2008
O.V.S.I. (Otra Verdad Superficialmente Incómoda)
Nos preguntamos tantas cosas...
Cualquiera que nos dijera «¿y si has muerto y no te casas, o no acabas la carrera? ¿y si éste finde no hay plan porque te has ido al otro barrio?» sería llamado tipo macabro y aguafiestas. Y lo sería desde luego, las dos cosas, aunque sólo en parte. Este tipo tan sincero rompería el tema tabú al hablar de la muerte. Evitamos el tema tan frontalmente, incluso yo al escribir esto me acojono un poquito. Y es que ese tipo puñetero que nos menciona la muerte es puñetero porque habla de una realidad que evitamos. Porque la muerte es mucho más probable. No, probable: posible. No posible: ineludible que llegar al 2015. Y llegar al finde, al fin de la carrera, a nuestra boda... eso sí es probable y posible porque quizá no ocurra.
¿Hasta que punto en nuestro uso de la razón, con la que calculamos tanto a veces queriendo amarrarlo todo...? ¿Hasta que punto nuestra razón es razonable no pensando en la muerte? Y es que nos supera, es algo que achanta al más valiente. Otra verdad superficialmente incómoda que silenciamos, dejándola para los ya muertos. Para los obituarios de la página 6 de El Mundo, y las esquelas de los ya fallecidos. Pero, ¡ay de pensar en la muerte de uno mismo! Y sin embargo es lo único que puedes prever en tu vida con seguridad: su fin. Plantearnos esto conduce inevitablemente a preguntas. Preguntas de difícil respuesta y que queremos eludir, pero que habremos de responder tarde o temprano.
Pero claro. Si nos dicen que existe la vida eterna, como dice Calamaro, queremos una demostración visible, tocable y "olfateable". Queremos sacarnos el billete para ir al Cielo en la Estación del Norte o en Manises. Si nos dicen que Dios existe y que nos quiere, aunque es obvio... «Bueno», pensamos «si se me apareciera... si pudiera tocarlo.» Pero claro, así luego no sabemos tampoco amar a nuestra novia. Tampoco podemos tocar su amor, ni su compromiso de amor eterno. Nada tocable y visible se nos da a cambio de nuestra confianza, como garantía no obtenemos una fianza. Pero tenemos indicios de que la cosa perdurará. El amor implica confianza y fe, también el amor humano. No lo digo yo, pero: el corazón tiene razones que la razón no entiende.






